Valientes

sábado, 11 de agosto de 2012

No siempre se olvida

Él estaba de pie, al final del puente, apoyado en la barandilla. Estaba solo junto a una pareja que había a su lado derecho, les miraba con atención. Desde la distancia podía saber que estaba recordando algo, recordando momentos que vivió y que le gustaría haber vivido, como a mi. Apoyado en esa barandilla susurrando sus sentimientos más profundos al mar, y el mar devolviéndoselo con ese vaivén de las horas que le hablaba a su corazón.
Finalmente, él se quedó solo, la pareja se fue de la mano a lo largo del puente hasta llegar a la orilla. Él no les quitó la mirada. Yo me escondí, no podía permitir que me viese ahí.
Entonces fue cuando se quedó solo y la culpa se apoderó de mi. Sabía perfectamente que él ahora estaría llorando en la soledad acompañado por el sonido de las olas rompiendo en la orilla y eso le dolía porque le recordaba como rompí yo su corazón. Me gustaría ir y abrazarle. No. Él no me lo permitiría, pondría cualquier excusa para que me fuese y no reconocer la verdad. Él era así orgulloso como el solo e independiente.
Pero daba igual, tenía que ser diferente, esta vez si. Mis piernas no respondían, quería correr y abrazarle, no soportaba verle solo. Y fue entonces cuando vi que se ponía de pie encima de la barandilla, ¿Qué hace?, ¿Está loco? Sí, lo estaba. Y se tiró al mar. Se tiró sin más. No pude evitarlo y me metí en el agua sin quitarme ni una sola pieza de ropa y sin mucha destreza para nadar, lo hice. Sin pensarlo. Me costó llegar pero conseguí alcanzarle y su cara se puso pálida.
-Sabía que vendrías, sólo quería que sufrieses por un momento que me perdías, sabía que estabas allí y quería que te sintieses como me sentí yo, solo, dolido y pensando que te había perdido para siempre.
+Eres un imbécil e inmaduro, siempre lo has sido.
Y me fui nadando hacía la orilla sabiendo que ésta vez había sido el final de aquella historia. Me odiaba demasiado. No me iba a perdonar nunca. No iba a olvidar el pasado nunca, ni a él tampoco sólo aprenderé a convivir con ello ahora y en el futuro. Pero a pesar de que él estuviese recordando cuando estábamos juntos, que me echase de menos, que se muriese de ganas por estar conmigo, el miedo, el odio y el orgullo le ganaban y por eso me había hablado así pero no era él quien hablaba si no su cabeza y su rencor, él sabía que hablándome así me iría y le dejaría solo. Sólo se estaba preocupando por mi porque no quería hacerme más daño. Una vez más yo había sido una idiota por no haberle pedido que se quedase, simplemente había huido como una cobarde.
                                                                                                                                             Att: Lucas.

Muchas veces ya hay cosas que son irreparables y que por mucho que queramos no podemos cambiar y hay que aceptarlo y seguir adelante.

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