Valientes

martes, 17 de abril de 2018

EL DÍA QUE ME ENAMORÉ DE TI

Recuerdo aquella noche  mayo, en la feria, con decenas de personas, de ruido y de oscuridad. Pero nada de eso importó cuando entré y te vi, con esa sudadera granate y esos pantalones a medio romper que tanto te gustan.  En ese momento lo sentí, sentí que todo cambió, que estaba cambiando, y que ya no podía frenarlo. 
El corazón se aceleró, mil mariposas hicieron cosquillas dentro de mí, y me puse nerviosa. Nerviosa porque aunque siempre hubo algo que pasaba cuando nos cruzábamos las miradas, ahora ya no era un "algo", ahora era "todo", y no sabía controlarlo. No quería controlarme, sólo quería besarte. En el momento en el que nuestras miradas se encontraron, dejó de importarme el resto, sólo quería el contigo y ahora. 
Tu sonrisa puso luz a la noche, cegando hasta a las estrellas. El ruido se fue y sólo podía escuchar como mi corazón se aceleraba a medida que ibas acercándote, y de entre toda la multitud, sólo podía verte a ti, caminando hacia mi, hasta abrazarme. Y ahí supe que me habías robado el corazón, en ese preciso momento, que mi sitio estaba justo allí, en tus brazos. Que no quería besar otros labios, que quería recorrer el mundo de tu mano, que sólo quería ser tuya. Y me asustaba. Me daba miedo todo lo que llegaba a sentir, fastidiarla o que saliese mal. Pero tu me hiciste confiar, confiar en mí, en ti, en nosotros. Y no te equivocabas. 
Lo que no sabía aquel día era que ibas a acabar siendo el amor de mi vida, y que contigo sólo hay un siempre. Que sólo somos tu y yo. Y que te quiero. 
Amo cada parte de ti. Amo como eres, lo que representas y tu manera de actuar. Por eso, meses después, en aquel río, aquel pueblo y en el día que, sin saberlo, iba a marcar un antes y un después en en mí, tomé la mejor decisión de mi vida, totalmente segura de lo que quería y de lo que sigo queriendo a día de hoy. Sabiendo que mi vida está contigo, que mi felicidad es verte reir, que mi todo mi amor es para ti, y que mi corazón está a salvo si está contigo. 
Te acompañaré siempre, nunca estarás solo. Pienso sujetarte para que no te caigas, y si lo haces, seré tu paracaidas, pero nunca, nunca dejaré que te pierdas. Y lo mejor es que sigues dejándome sin respiración cada día que te veo, que sigo sintiendo los mismos nervios, las mismas ganas y la misma ilusión de verte como aquella noche; pero ahora, queriendote cada día más y más. 
No sé si hay un limite para querer alguien, pero si existe, ten claro que lo romperé, porque un "te quiero" ya se queda corto, porque un "te amo" no es suficiente, porque "todo" sigue siendo poco, porque tú eres demasiado para tan poca palabra. Por eso, cada vez que me preguntan qué es querer a alguien, qué es el amor, qué es estar enamorado, tengo que responder con tu nombre, porque el resto, se queda corto. 
Te quiero, y no me cansaré de quererte, hoy, mañana y siempre.



viernes, 9 de marzo de 2018

TROZOS SIN SENTIDO

Se cierra la puerta. Enciende el portátil. Suena Dani Martín. Hoja en blanco. Las teclas saben que ha llegado el momento de ser acariciadas. Corazón abierto. Y sentimientos que se desbordan por cada poro de su piel. Está sintiéndolo. Está sintiéndote. 
Ahí, en su mundo, sin que nadie la vea, no puede evitarlo. Deja que las lágrimas recorran su cara. Vacía su corazón. Deshace ese nudo que tenía y que no le dejaba avanzar, aunque sea por un día, para vivir un día sin su recuerdo, sin sentir que le quiere, que le necesita con ella y que no puede olvidarle. Sólo un día. Sabe que puede hacerlo, al menos así se convence, sólo falta que lo intente. Un día de libertad, de aire fresco, de quererse ella y no de que la quieras tú. 
Rompiste su corazón y dejaste que ella se rompiese con él. Y te fuiste, te desentendiste, y la dejaste. Te acojonaste. Porque para ti siempre será más fácil ir de cama en cama que enamorarte cada día de la misma persona. Huyes cuando ves que empiezas a sentir. Vienes para irte. Enamoras para después salir corriendo. Construyes y destruyes a tu antojo. Rompes ilusiones, y personas. Y desapareces.  

domingo, 18 de febrero de 2018

SIEMPRE TARDE


Tarde. Siempre tarde. Da igual lo pronto que me levante, el tiempo que esté preparando las cosas para ser puntual, por muchos plannings que me haga (y no cumpla), y por mil agendas o recordatorios que pueda tener por toda la casa, no importa, nunca llego a la hora. Quizás sea una desastre y no tenga remedio. Quizás no esté lista para llegar a tiempo. Quizás lo mío sea llegar a nada. 
Lo mismo pasó contigo, también llegué tarde a ti. No supe volver cuando debía, y cuando lo hice, fue tarde. Siempre tarde. 
Llegué impuntual a tu amor, me perdí el instante en el que sonreíste, desaparecí cuando más cerca te tenía, olvidé ir cinco minutos antes a por ti cuando me necesitabas, no supe ponerme la alarma media hora antes de que te fueses (para siempre). Y fue así como vi la forma en que se desvanecieron tus "te quiero" al llegar y cómo éstos se marchaban contigo, sin mí.
Cansado de esperarme, creyendo que estaría a tiempo, que por una vez sabría dónde tenía que estar y te salvaría. Esperando a que no hiciese falta que yo fuese puntual porque yo nunca me habría ido. 

Y no lo hice. Y me fui. Y no llegué a tiempo.