jueves, 5 de julio de 2018

YA NUNCA MÁS.

Estás sin estar. Te vas y no regresas pero para mí vuelves en cada esquina. Te alejas, huyes, pero recuerdas. Duele, sientes y quieres, pero se acaba. Nunca es para mí el para siempre. Nunca son suficientes mis besos. Mi sonrisa nunca cicatrizó tus heridas. Siempre quieres más. Y aunque me gustaría poder dártelo, ya no hay más para ti. 
Se acabaron los ruegos, las súplicas y el ir detrás de ti. ¿Quieres algo? Pídemelo. ¿Quieres verme? Ven. Pero no esperes que sea yo la que vaya porque eso terminó. Me libero de ti. Me libero de tus forzados "te quiero", de tus sonrisas, de tus abrazos, de ti. Hoy decido apostar por mí. Y tú ya no entras en mis reglas del juego, ahora soy yo quien las pone, soy yo quién decide cómo acaba el partido. Sin prórrogas ni falsas promesas en la tanda de penaltis. Pudimos ganar juntos, pero eso era demasiado compromiso para ti. Silbido final. Preferiste cambiar un "para siempre" por un "nunca". Bienvenidos al "ya nunca más". Yo gano.

J.

lunes, 2 de julio de 2018

EL AMOR

El amor. Cuatro letras capaces de mover el mundo, hacer magia y destruirlo todo a la vez. Se presenta sin avisar, sin cita previa ni pedir permiso, se apodera de ti y te hace sentir la persona más fuerte y vulnerable. Empieza la ilusión, los sueños, el dolor, y el miedo. Te sientes frágil cuando esta delante  esa persona, porque sabes que es ella la que puede hacerte vibrar o romperte en mil pedazos. Miedo a perder, miedo a sufrir, miedo a que haya un final sin ni siquiera tener un principio. Y sé lo que es. 
El amor lo encuentro cada día en la purpurina de tu mirada. El amor es aquel que sobrevive a la muerte de las mariposas. El amor es lanzarte a un abismo si ni siquiera pestañear. Es entregarse, dar todo y más. El amor lo siento cada vez que mi mano roza la tuya y siento que podría desmayarme ahí mismo, el cosquilleo que recorre todo mi cuerpo es la mejor explicación a lo que siento. Cuando me miras veo el universo en tus ojos, y siento lo chiquitita que soy para un sentimiento tan grande que me desborda, que me pide más y me suplica que no te vayas. Es precisamente ese momento en el que tu mirada está clavada en la mía en el que siento que el mundo podría acabarse ahí mismo, me estremezco y siento que todo es posible a tu lado, que iría donde fuese, que haría cualquier cosa por verte sonreír una vez más. Y te desgarras. Te dejas la piel. Luchas. Y apuestas todas tus cartas por ella. Aun sabiendo que el amor es como una partida de ajedrez, que tiene siempre en jaque, y te arriesgas a que el final te haga una jaque mate. 

J.

jueves, 31 de mayo de 2018

SIEMPRE MAYO, SIEMPRE TÚ EN ÉL

Mayo. Siempre mayo. Siempre tú en él. Siempre tú en mí. Ojalá no recordar ese día, no recordar esas gotas de lluvia abrazándonos, siendo testigos de nuestro primer beso, de la inocencia de dos niños que a su manera, creían amar (y lo hacían). Sin saber que ese era el principio de una historia que tenía final. 
No puedo despedirme de ti sin escribir de él. Porque precisamente él es el culpable de que te tenga tanto cariño y tanto miedo, porque me recuerdas lo bueno y lo peor. Porque sigo siendo incapaz de pasar por esa esquina que un día pisamos juntos y no acordarme de él, de su risa, de lo que fuimos y no somos. 
Y aunque me reprima, aunque me obligue a mi misma a no hacerlo, siempre acabo escribiendo de ti y de él, porque todo nació allí, porque son mis raíces, y a pesar de que la mitad de los sueños de entonces hayan muerto en mis ramas, sois trocitos de mi vida, de mi historia, y siempre os deberé todo, sobretodo a él. Porque él hizo que tú fueses posible. Porque él descubrió esta parte de mí que para mí era desconocida, sacó la mejor versión de mí misma y la hizo poesía. Y aunque ahora, ya no leas estas letras desordenadas que tú empezaste a escribir, sigues formando parte de mi caos. Un caos que se acentúa cada mayo, cada tarde de lluvia y cuando paso a lo lejos, nos veo justo ahí, mirándonos, en esa esquina que esconde recuerdos, secretos y mil "te quiero". 
Pero como nuestro historia, mayo también se acaba, deja paso a otros cuentos en los que tú ya no eres protagonista, y que tengo que leer sola. Sin embargo, nunca consigo despedirme del todo, siempre vuelves, como mayo, ambos acabáis volviendo a mí, sin quererlo y sin que quieras, lo hacéis. Y yo, siempre acabo aquí, haciendo poesía con tu recuerdo, con el nosotros que no seremos y que siempre soñábamos ser. 

Lucas y Natalia. 
Natalia y Lucas.

J.