Valientes

jueves, 10 de abril de 2014

Susurros de un corazón cansado..

Es ahora cuando me encuentro delante de un papel en blanco esperando que algo o alguien lo llene, ya sea con unos meros garabatos, un par de fotos, o unas palabras sueltas, descoordinadas, intentando desahogar un corazón, que lo único que siente al ver esta hoja es impotencia. Impotencia de no ser capaz de escribir algo que cobre sentido, que muestre una mínima parte de los sentimientos que posee, algo, algo que le dé un respiro, de una vez por todas.
Es entonces, cuando dejo que mis dedos fluyan sobre cada una de las letras que están pidiendo auxilio, intentando así formar algo que se acerque una pequeña parte de la realidad, de unas emociones fatigadas que hace mucho tiempo que perdieron su norte, y que son incapaces de lograr una manera con la cuál poder escapar, salir de una vez por todas. Y cuando por fin se deciden a huir algo dentro de mi cambia por momentos, llámalo latidos, llámalo alma, pero es algo realmente indescriptible. Es una sensación efímera, es como un susurro de tu interior que intenta salir hacia fuera sin la necesidad de pronunciar una palabra, un sonido, de mover tu boca. Simplemente, es como si las palabras fueran recorriendo poco a poco tus venas, por todo tu cuerpo, haciéndote revivir sensaciones que creías olvidadas, o que sencillamente no sabías que tenías, es sentir que hay algo dentro, algo que está gritando a voces salir, y tú lo consigues. Los dedos dejas que bailen en cada una de las letras del teclado, dejas que poco a poco canten la melodía, una canción al unísono que lentamente forman algo sólido, parecido a las sensaciones, a los sentimientos con los que convives, es como si se desprendiesen emociones por cada uno de los poros de tu piel, es como cuando la lluvia cae y danza en cada uno de los charcos, salpica, y si cierras los ojos, puedes escuchar su melodía, esto es lo mismo. Cierra los ojos, escucha que tienes dentro, desorden, caos, que se convierte en historia cuando llega a la punta de los dedos y empiezan a danzar, a danzar como la lluvia. Esa es la sensación que hacía meses que había perdido, la misma que me había hecho estar en cuarentena durante tanto tiempo, no la encontraba, era como si se hubiese desprendido de mí. Las palabras se atragantaban, las letras eran incapaces de formar una frase con sentido, con sentimiento, era como si hubiese huido de mi ellas también, pero ahora he comprendido que no, que había sido yo la que había huido de ellas. Porque a veces resulta difícil convivir con ellas, te hacen darte cuenta de lo que realmente sientes, y eso a veces acojona, nos da miedo descubrir lo que sentimos, y a mí me aterrorizaba. Pero hoy sé que nunca me habías dejado sola, no podéis hacerlo, sois parte de mí, escribir es algo que me acompaña desde hace unos años y ha sido mi válvula de escape cuando más lo he necesitado, lo único que ha conseguido hacerme sentir bien, acompañada. Escribir ha sido mi mejor medicina, y ahora, vuelvo a necesitarte más que nunca. No voy a dejarte marchar, no voy a huir de ti, otra vez no.



Perdonad la extensión, lo necesitaba.