Valientes

domingo, 29 de julio de 2012

Mi gran Lucas

Me voy Natalia, no sé cuando volveré, pero me voy, ya sabes como han sido siempre mis relaciones con la familia (difíciles). Antes de irme si quieres podemos vernos a las 19 p.m de la tarde en ésa plaza. Te espero
Todo esta en tus manos.
Lucas.
Ése era la carta que había recibido por correo hace dos días y él lo había calculado perfectamente para que me llegase en el día y momento adecuado. En momentos así la mente se nubla y se llena de niebla y se convierte en un sitio donde estás bajo cero de visibilidad y no sabes que hacer y que elegir. Porque sabes que hagas lo que hagas algo cambiará o para bien o para mal. 
Mi más profundo interior tenía claro lo que quería. Ir. Y por una vez después de 398 días había hecho caso a mi corazón y había dejado que él hablase por mi. Así que sin pensarmelo dos veces salí corriendo. Iba tarde, la decisión la había tomado tarde. Eran las 19.03 p.m. cuando salí de casa, tenía que darme prisa, podría ser la última vez en mucho tiempo que le viese. Corre por favor. ¡Corre! Me decía a mi misma.
He llegado tarde. Cuando llego a la plaza no hay nadie. Aunque reconozco ése coche. Ahí dentro estaba él. No le doy vueltas salgo tras el coche. Notaba las miradas de la gente clavadas en mi. Yo no dejo de correr. ¡Corre más Natalia, más! 
De repente el coche frena en seco y como un acto reflejo yo también. La puerta se abre. Yo levanto la mirada frágil y de golpe caigo al suelo. 
-¡Natalia, Natalia estás bien!
+¿Que haces no me pegues?
Y de repente me abraza. Yo aún tenía la mirada nublada pero fue acercarme a ese cuerpo que me arropaba y supe que era él. Lo abracé con fuerzas. Se oyen pitidos de los coches tocando la bocina, estamos ocupando la carretera y alrededor nuestro tenemos un corro de personas. Pero nos da igual.
-Ahora me tengo que ir, pero me voy tranquilo.
+¿Porqué te vas? 
-Ya sabes... mi padre. Quiere meterme en un centro de reformación pero tranquila estaré de vuelta pronto.
+¿Me lo prometes?
-No puedo prometértelo sólo confía en mi.
+Dime lo que llevo 398 días sin escuchar.
-¿El que..? Ah, ya sé. 
Y me besa, nuestros labios se rozan cálida y suavemente. Era nuestro primer beso de verdad, los otros sólo habían sido eso, besos. Este marca un antes y un después en nuestra historia. Un beso que me daba toda la fuerza que necesitaba para esperarle. Una vez más me había hecho recordar lo enamorada que estaba de él.
-Adiós mi pequeña Nath.
+Adiós mi gran Lucas.
Sobraban los "te quiero" la melodía de nuestras palabras era mucho más fuerte, eso valía más que todos los "te quiero del mundo".

Dani Martin - Eres

3 comentarios:

  1. La entrada es preciosa...
    "No puedo prometértelo, sólo confía en mí." Y es que el amor se basa en eso: en confiar ciegamente en la otra persona.
    Un beso enorme y sigue escribiendo.

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