Valientes

martes, 17 de abril de 2012

Reflejos en la barra del bar I.

Recuerdo perfectamente el día que le vi. Mediría 1.80m aproximadamente, corpulento, tenía unos ojos verdes como un prado, un cabello corto y ondulado que le tapaban sus diminutas orejas. Me sentía completamente observada por su mirada triste, oscura y inquietante. No podía entenderlo. Mis piernas empezaron ha componer un ritmo que ni yo podría controlar. Mi respiración fue aumentando. Tenía calor, mucha calor. Empecé a quitarme la sudadera, el pañuelo. Nada. Parecía uno des esos días de verano en los que sólo te apetece o bien, estar todo el día metido en la playa y acabar como una gamba o, quedarse en casa con el aire acondicionado viendo la televisión. Era simple. No llevaba ni 15 minutos que él había entrado en el bar.
Me estaba cabreando. Me estaba inquietando. Me estaba poniendo de los nervios. Y me levanté. Cogí coraje y le plante cara:
-¿Que te pasa, quieres dejar de mirarme ya? -dije con tono de enfado.
-Me gusta ponerte nerviosa -me dijo con una voz que me descolocó.
-No te conozco de nada. Déjame tomarme el café, llevo un puto día de mierda y no quiero que un idiota como tu acabe de fastidiarme así que si no te importa, olvídate. - dije enfadada, enfadadísima.
-Tienes la voz de un ángel. Nos conocemos más de lo que piensas Ari,te gusta que te llamen así verdad Ariadna?- dijo con tono burlesco.
-Cómo sabes mi nombre? - dije exhausta.
- ¿No te acuerdas de mi? Vale, soy Fernando García, el Nando. -dijo con su melodiosa voz.
Y lo inesperado volvió apoderarse de mi. El miedo volvió a mi corazón. Le conocía. Era ése chico bajo, con gafas, el típico empollón solitario. Estuvo enamorado de mi durante mucho, mucho tiempo. Pero yo fui una miserable con él. Le fastidié todo lo que podía y más. Fui muy injusta. Y ahora que le tenía delante de mí. Tan guapo, tan todo. Absorta en mis pensamientos él me estaba llamando.
-Dime, dime, perdona.. - dije con miedo
-Veo que te acuerdas de mi.. pues ahora sabrás lo que un día perdiste - dijo con intriga.
Le miré, no podía aguantarle la mirada, su abrumadora mirada reflejada en la copa de whisky de la barra del bar hizo que me se me estremeciese todo el cuerpo. Estaba nerviosa, exhausta, perpleja, atónita, no podía creerlo. Fui cobarde y huí, me fui corriendo.
Cuando creía que estaba lo suficientemente lejos me di cuenta que tenía algo en la mano. Era un papel. Lo abrí. Y ponía textualmente: "Jamás te olvidaré, pero no te olvides, que tú tampoco lo harás".

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