Valientes

domingo, 30 de diciembre de 2012

Mi última promesa

Ella aún seguía ahí, retrasando el momento, prometiéndose a si misma que esa sería la última vez que pisaría esa playa, que pisaría esa ciudad, que pensaría en él. Siempre había odiado las despedidas, aunque de echo esta no fuese una de verdad, se lo había tomado así. En realidad era sólo un margen de tiempo para ella, pero dejó de ser una despedida en el momento que decidió no despedirse de nadie. No era un adiós, ella lo tenía claro, pero si era un hasta siempre.
Se encontraba ahí, sentada en la orilla del mar, en un frío atardecer, sin esperar a nadie, sin querer tener una compañía, sólo deseaba escuchar por última vez el sonido de las olas rompiendo en esa playa que hasta entonces había sido tan especial. Quería grabarlo todo en su memoria, el olor, la brisa, el color, inconscientemente estaba haciendo fotos de todo aquello que un día le hizo sonreír, y hacía bien, en su mente es donde todos esos recuerdos estarían más protegidos y es algo que nunca nadie podría robárselo.
Promesas y más promesas selladas bajo la luz de la luna.. promesas que no sabía si podría cumplir. 
Ya no estaba absolutamente sola, vio a un chico sentarse a pocos metros de donde estaba ella, pasaron los minutos y él en ningún momento se movió, la mirada la mantenía clavada en la arena, el cuerpo parecía una estatura, y eso a ella le llamó la atención. Pero no solo eso, ella supo desde el primer momento que él estaba allí. Pensó que todo sería fruto de su imaginación, creyó que todo era un sueño. 
Deseaba acercarse, saber si era él, despedirse aunque ella supiese que nunca más volvería a verle, necesitaba saber que él seguiría sonriendo. Y lo hizo. Se levantó y sin decir nada se sentó junto a él.
-¿Porqué te vas?
+¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabías que estaría aquí? ¿Quién te lo ha dicho?
-No ha hecho falta que nadie me lo dijese, lo sabía, no preguntes como, sólo era una intuición pero ahora tú acabas de confirmarlo.
+Me han dado una beca en la facultad de Derecho en California. 
-Venga, va, odias Estados Unidos..
+¿Y qué importa eso ahora? Está decidido.
-Perdóname.
+No tengo nada que perdonarte..
-Por no haberte venido a buscar antes, por llegar tarde.
+Eso ahora no importa, estás aquí.
-¿Y qué más da que esté aquí si tu mañana ya no lo estarás?
+Estaré aquí siempre que tu me recuerdes.
-Y yo estaré allí cada noche para arroparte.
+¿Cómo?
-Confié en mi intuición y hice todo lo que hizo falta para saber lo que tramabas y lo descubrí, así que, saqué dos billetes para Milán y estudiar allí, los dos, juntos. 
+Eres jodidamente increíble.
-Olvidemos el pasado.
+No sabes cuanto tiempo llevo soñando con este momento.
-¿Y cómo sabes que ésto no es un sueño?

                       

PD: ¡Muchas felicidades a todos
los que os llamáis Raúl!

Hoy hay poco que decir, sólo
que cualquier sugerencia o lo que sea..
yudithpuente@gmail.com

Conclusión del día: Sólo es inmensamente rico aquel que sabe limitar sus deseos.


2 comentarios:

  1. Jo, esta entrada me ha encantado, el principio es espectacular y el final, de película. Es preciosa, de veras. Un beso muy grande, guapa <3

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  2. Igualmente, una entrada preciosa !
    Del mismo modo te espero como próximo miembro de mi blog.
    Un besito

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