Valientes

domingo, 18 de noviembre de 2012

Parte II - Volveremos a vernos

Habla Natalia

¿Era él? Era él. Después de tanto tiempo sin saber nada de él. Ha cambiado. Su pelo revoltoso había cogido una nueva forma muy favorecedora. El estilo, la manera de vestir, algo había cambiado en él, había dejado los pantalones rotos y bajos, por un bajo más decente y unos pantalones más propios para él. La camiseta, seguía llevando las mismas de siempre, eso en él nunca cambiaba. Pero había algo en él que no era igual. Él no era así. Ahora que le había visto necesito saber más de él, verle, saber que está bien. "No debes hacerlo", me giré y estaba Adrià, mi mejor amigo.
-No lo hagas. No vayas, si vas perderás todo lo que tanto tiempo has luchado para evitar - dijo preocupado.
-¿Desde cuándo estás aquí? - digo sorprendida.
-Desde el momento adecuado, Nath, no lo hagas... por favor. - dice con suplicándome.
-Adri.. le he visto, no puedo evitarlo, necesito saber que está bien, necesito saber que todo va bien. - dije replicandole.
-Déjame ver la nota - dijo alargando el brazo.
Le doy la nota impregnada de disculpas y lágrimas, de arrepentimiento y sufrimiento. Mientras la lee puedo observar sus caras, pasa de una expresión rígida y dura a una de comprensión, la conocía muy bien la última, lo entendía.
-Ha cambiado. - dice con un hilo de voz.
-Sí, y por eso necesito ir, por eso necesito saber por qué, no voy a quedarme sin hacer nada otra vez.
Y sin pensarlo salgo corriendo, busco, pienso, reacciono, empiezo a correr hacia donde el corazón me indica, vengo y voy, buscándole, intentando saber algo más de él. Imposible. Demasiada gente recorriendo las calles de Barcelona, es hora punta en la zona universitaria, demasiados estudiantes. Me paro. ¿Dónde estás? No te vayas otra vez.
Entre toda la multitud veo a lo lejos un chico, pelo igual que el de él, cabeza cabizbaja, caminar igual al de él. Es él. Corro, corro sin pausa. Voy apartando gente, empujones, disculpas, no importa, sólo importa llegar a él. Le alcanzo.
-¡LUCAS! ¡ESPERA! - dije gritando, dejándome la voz.
El chico se gira y su expresión cambia. Es él. Me caigo al suelo. No recuerdo nada.
-¿Natalia? ¿Estás bien? - dice alguien con preocupación.
-Lucas.. ¿eres tú? - digo con mucho dolor en la cabeza.
Miro a mi alrededor en busca de él, pero solo veo gente en círculo que me observan, alguien me sujeta la mano.
-Estoy contigo - dice una voz inconfundible.
-Eres tú.. ¿qué ha pasado? - pregunto confusa.
-Te has desmayado, ven, vamos a un sitio menos abarrotado. - ofreciéndome su mano.
Me limito a asentir con la cabeza y dejo que él me lleve. Pero algo interrumpe el momento.
-¡Natalia! No lo hagas, otra vez no - exclama Adrià con impaciencia.
Me acerco donde está él y le susurro en el oído:
-Déjame hacer, deja de interponerte, deja que sea feliz por un segundo, confía en mi de una vez por todas. - digo enfadada.
Y sin decir nada se va sin decir nada. Se limita a mirarme y a darse media vuelta.
-Has cambiado - afirma Lucas. 
-Tú también - le respondo.
-Me gusta. - dice desafiante. Su mirada era un mar de sospechas, ha cambiado peo hay algo en él que no me cuadra, es rígido, seco, oculta algo, algo falla y estoy dispuesta a saber que es.
-¿Por qué ésta nota? - digo en busca de respuestas.
-Lo siento por todo lo que hice, siento no haberte escuchado, siento haber desaparecido - explica con sinceridad.
-No, si lo sintieses hubieses venido antes a por mi, me hubieses dado una explicación. Demuéstrame que te arrepientes. - digo con rotundidad.
-Y.. ¿qué hago? - dice confuso.
-El sábado, te espero en el puerto, donde el puente se abre, tu decides pasar a mi lado o quedarte al otro lado. A las 12. Sé puntual - digo decidida.
Y me levanto del banco dispuesta a irme, volver a casa y seguir con mi rutina de hoy. Demasiadas emociones para un solo día. 
Mientras voy de camino a casa hay algo que no me acaba de gustar en él, algo que me hace desconfiar, algo que no me resulta normal, pero bueno, todos merecemos una segunda oportunidad.
No volverá ha hacerme daño. Iré con mil ojos, con todos los sentidos puestos, ya no soy aquella chica vulnerable, ahora soy fuerte. Tendré cuidado.

Cuando llego a casa cojo el teléfono para llamar a Adri y disculparme por mi actitud infantil. Suena.
-¿Si? - contesta él.
-Soy yo, quería hablar contigo.. - digo con un hilo de voz.
-No me pidas perdón Nath, ya está, olvídalo, todo está bien. Tengo que irme, hablamos mañana, un beso. - dice él con la decepción sellada en sus palabras.
No me dio tiempo a decirle que lo sentía. Sabía que le había afectado. Él ha sido el único que todo este tiempo me ha cuidado y apoyado y ahora voy yo y se lo pago así. "Perdóname" dije susurrando a la nada.



PD: Vamos va, mañana lunes y solo 
quedan cuatro exámenes a superar..
¡que ganas de poder volver escribir
a diario!
Bueno, ahora me voy con mi amigo
Napoleón a pasar el día..
lo disfrutaré.

IJ, te espera un paracaídas
y alguien a quien robar.
Juntos.

Conclusión del día:  La felicidad está en las pequeñas cosas.


1 comentario:

  1. Es una historia muy bonita, pero triste.
    Nos encanta tu blog, y nos encantaria que te pasaras por el nuestro y nos dieran una opinion.
    Hace poco que lo hemos creado.
    Besos.

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