Valientes

lunes, 22 de septiembre de 2014

Lucas necesita hablar

Puestos a decir verdad, siempre he sido en esta historia el chico malo, revuelto contra el mundo, contra toda norma, incluso contra mi mismo. Tampoco es un papel que me desagradase jugar, es más, creo que me divertía, me gustaba esa fachada de chico rebelde que tiene sus propios principios e ideales, un chico imparable. Es gracioso. Es gracioso como dos personas tan distintas y opuestas puedan llegar a amarse tanto como lo hemos hecho nosotros. A ti siempre te han gustado las normas, las leyes y seguir las reglas, supongo que son esas las reglas básicas que tiene que tener un buen abogado, bueno, todos los abogados sean buenos o malos, sino, ¿qué sentido tiene?. 
Me gustaba verte a ese lado de la pared, sin poder evitar que tus ojos se encontrasen con los míos. He de reconocer que al principio me tomé todo esto como un juego, un juego de niños, solo eso, pero entonces yo no sabía lo que vendría después. No sabía que meses después me tendrías comiendo de la palma de tu mano, que estaría regalándote flores por San Valentín o que sería capaz de escribirte una carta, o al menos intentarlo. 
Tu sonrisa me conquistó a primera vista, provocaste en mí una sensación que jamás antes había conocido y que no me arrepiento de haberla compartido contigo, porque eso, eso ha sido lo más increíble que me ha pasado en mi vida y que nunca podré olvidar.
Respecto a tu papel en esta historia diré que sin dudarlo eras la chica buena, esa que nunca hace algo que no debe, algo arriesgado, algo que pueda ponernos en peligro. Y sí, he de confesar que tú, solo tú, conseguiste quitarme esa máscara, esa fachada que supuestamente me protegía de cualquier problema. Me ensañaste que las cosas no siempre son blancas o negras, hay grises con diferentes matices, otros caminos por los que ir, que el medio es un sitio importante entre la izquierda y la derecha. Aprendí que no hace falta hacer las cosas más locas del mundo para tener una historia extraordinaria, y la tuvimos. También he de reconocer que cuando haces las cosas poco a poco, disfrutándolas, puedes saborearlas un poco más,  ves otra perspectiva que antes la rapidez no te hubiese dejado ver. "Deja de pensar en el futuro y céntrate en el aquí y ahora", soy incapaz de recordar la de veces que me dijiste esa frase, se quedó tan grabada en mí que después de tu marcha fui a tatuarme "carpe diem", mucho más corto y conciso, y que tiene sabor a ti.. Y te prometo que no he dejado de hacerlo. Al igual que nunca he dejado de amarte. Sigo aquí, al pie del cañón, dispuesto a luchar por ti, una vez más.



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