Valientes

domingo, 14 de abril de 2013

Sí, soy afortunada.

Hasta ese día creí que la suerte era que te tocase la lotería, la cesta de navidad de la tienda de al lado de tu casa, tener un trabajo hoy en día, tener todos los lujos posibles o incluso vivir eternamente vivos. Creía que era algo tangible, material, que su base más sólida era el dinero. Algo superficial al alcance de unos pocos que podían disfrutarla y gozar de todas sus ventajas. Para otros era sólo un deseo, un deseo constante de esperanza para que la suerte llamase a su puerta, para que fuese la salvación de todos sus problemas. Creía que teniendo ese tipo de suerte podrías tenerlo todo. Podías ser inmensamente feliz.
Sin embargo ese día rompió todos mis esquemas, mis ideas acerca de qué era tener suerte, tu aparición rompió con todo. Esa mirada marcó un antes y un después en mi, desde el primer día que te vi entre ese montón de gente, de alguna manera u otra yo estaba destinada a conocerte. Y lo creas o no quizá esto me ha hecho madurar algo, porque ahora sé con certeza que la suerte no se puede tocar, no se puede ver, se puede desear pero se siente. Cada persona tiene un concepto diferente de suerte. Yo no voy a decirte que tú eres mi suerte. Sería desprestigiar otras muchas cosas y personas que tengo alrededor. Pero si voy a decirte que eres tú el causante de que ahora crea en este tipo de suerte. 
La suerte para mi es tener todo lo que tengo y querer todo lo poseo. Una suerte abstracta, invisible, sentimental, mágica. Una suerte basada en el el cariño y la confianza. Suerte en la salud, en la familia, en tu entorno, en ti. Suerte en la que el dinero es sólo una ayuda y no una acaparada necesidad. Una suerte en que la felicidad está al alcance de todos, sin límites, con la que puedes vivir infinitamente siempre. Entonces sí, ahora puedo decir que me siento afortunada. Afortunada por tener y querer a todo lo que tengo. Sin necesitar nada que vaya más allá de una sonrisa, un gesto, una mirada, un deseo, un sueño. Eso sí que es tener suerte.



No importa que llueva - Efecto Pasillo



  ~ Todos somos iguales, lo importante es quien nos ve diferentes al resto.






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