Valientes

viernes, 18 de enero de 2013

Un final ácido que pudo haber sido dulce..

Me desperté de la siesta y un mensaje al móvil me sorprendió. El número no lo conocía, hasta ahora, pero al abrir el mensaje supe quien era. La verdad es que cualquier otra persona que hubiese estado en ese momento allí hubiese dicho que podía ser cualquiera, incluso de una trampa. Pero yo supe que era ella, así lo sentí y de eso me fié. De mi instinto. Así que en ese mismo momento me dispuse a salir hacia donde el mensaje indicaba.
Una vez allí, no había nadie. Se entiende que por nadie es que no estaba ella. El lugar no era un sitio solitario. Es más. Era un parque lleno de niños que jugaban después de salir del colegio, hora punta. Así que gente no faltaba. Pero para mí, no había nadie.
Me senté en el banco y esperé. No dejaba de mirar el reloj, una y otra vez, las agujas avanzaban, todo a mi alrededor avanzaba, todo hacía tic-tac, menos yo. Ese pensamiento me asustó y lo eliminé rápidamente. Borrar. Expulsar. Adiós. Ya está. La espera se estaba haciendo larga, cada vez el número de niños disminuía y yo empecé a temer que esto fuese sólo una broma, una jodida broma. O que simplemente, estaba esperando a la persona equivocada. En el momento incorrecto.
Se sentía un completo imbécil, quería irse, huir, salir de ahí. Ahora. Ya.
¿Cómo había podido ser tan iluso? ¿Tan tonto? ¿Tan inocente?. Sin poder evitarlo, sentí que una especie de calor se acomodaba en mis ojos acompañados de lágrimas, lágrimas agridulces, que llevaban una mezcla de decepción y... amor. Por un momento pensé que todo iba a cambiar. Por un momento deseé eso, con todas mis fuerzas. Pero todo se quedo ahí. En un simple pensamiento. En un simple.. sueño.
Me sentía idiota por haber pensado que era ella, que ella estaría aquí, que después de tanto querría verme, saber como estoy. Me moría de ganas de verla. Tanto tiempo y yo seguía sintiendo lo mismo, o más. Era oír su nombre y mi corazón parecía que se iba a salir del pecho, pensar que hubiese podido estar aquí.. fue un error.

"Ella estaba ahí. Le estaba viendo. Necesitaba verle. Necesitaba saber que estaba bien, que seguía aquí, sonriendo y siendo un valiente. Como ella le pidió. Y sonrió al ver que era así. 
Ella no tuvo el valor de acercarse, pensaba que no sería bien recibida, creía que sería doloroso para él verla, aunque no hubiese otra cosa que ella desease más. Pero intentó no ser egoísta. Y lo consiguió. No quería hacerle daño. No quería. Era injusto para él. Lo que él no supo es que ella estaba ahí y que lo hubiese dado todo por abrazarle."

Pero todo se quedó ahí, en deseos que no se llegaron a saciar, en un amor entre dos personas que por miedo no volvió, ambos necesitaban más, ambos se necesitaban pero ninguno dio el paso y ese fue el final, su final, con un sabor ácido, que pudo haber sido dulce.. Fue el miedo fue su mayor condena, aunque eso ninguno de los dos lo sabía..



PD: El miedo que tenían a ser rechazado
por el otro les llevó al final, a un final 
que si ellos quisiesen hubiese sido 
dulce. Pero no fue así. El miedo. 
Una vez más. Fue la condena.
Como la de muchos. 

Perdonad el retraso en publicar..


Conclusión del día:  No desear nada es no vivir.




2 comentarios:

  1. Me gusto este post! :D

    Me gustaría invitarte a conocer mi blog y a seguirlo si te gusta,
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