Valientes

lunes, 1 de diciembre de 2014

Allá donde estés.

Y de repente.. oscureció. Poco a poco veía como se iban apagando las luces del vecindario, como la luna se iba apoderando de esta noche tan fría, y como las estrellas le hacían la más fiel compañía, en una de las cuales estabas tú. Cada vez había menos ruido, todo se iba enmudeciendo, todo, menos mis pensamientos. Unos pensamientos que no se centran en otra cosa desde que tú no estás. Noche tras noche te recuerdo, te siento y te anhelo. Por eso quiero que paren, tu ausencia es torturadora, ojalá pudieses estar aquí, ojalá. Maldito destino. Que difícil me lo pones a veces. Cada noche reitera el mismo sueño, el mismo que me lo da todo y después me deja sin nada, me devuelve de un soplo al mundo real, a un presente que es injusto sin ti. 
No puedo más. Noto como los ojos parpados se me caen derrotados tras un largo día, pero quiero mantenerme despierta, no quiero volver a vivir lo que vendrá ahora, otra vez no. Sería una brecha más en un corazón roto, ahora hace ya dos años, por favor, basta ya... Pero no puedo evitarlo. Caigo rendida, quedando a merced de mis sueños una noche más.
Y entonces te veo. Sentada en el mismo banco de siempre, con la misma ropa de siempre, y manteniendo la misma sonrisa que reinaba siempre en tu rostro y repartía vitalidad a la gente que te quería, aunque nunca llegué a decírtelo. Corro en búsqueda de encontrar un refugio entre tus brazos, un volverme a sentir como en casa, poder olerte y transportarme de nuevo a cuando estabas con nosotros. Dan tanta paz y seguridad..
-No te vayas -le pido.
-Nunca me he ido pequeña -me responde con esa voz tranquilizadora que solo una abuela puede ofrecer. 
-Hay tantas cosas que me gustaría que pudieses compartir con nosotros -digo casi entre lágrimas.
-Yo lo veo todo, os cuido, nunca he dejado ni dejaré de hacerlo -me aclara con una sonrisa. 
-Te echo de menos... -explico rompiendo a llorar... (una noche más).
-Y yo a vosotros. Pero tienes que entender que mi tiempo en esa vida ha terminado, y ahora os toca a vosotros seguir viviéndola por mí, haciendo lo que mejor sabéis hacer... ser vosotros mismos. Llegará el día que podremos reencontrarnos todos, cuanto más tarde mejor, pero yo no me voy a ir a ningún lado, os estaré esperando. -afirma con una seguridad espeluznante, que hace que me crea cada palabra.
-Y ahora no llores, sonríe, porque tienes una sonrisa preciosa, sal ahí y cómete el mundo.-repite sin que yo fuese capaz de decir absolutamente nada.
-Abrázame antes de que mamá me despierte - le ruego.
Y nos quedamos allí, fundidas en un abrazo, un abrazo que solo podía obtener en sueños, con temor a despertarme y darme cuenta de que todo había sido ficticio y que ella ya no estaba aquí.
Y sucedió. Desperté. Corrí a la habitación de al lado a ver si ella estaba allí. Pero una vez más fallé. Una vez más había sido todo fruto de mi imaginación, un mero sueño, una simple apariencia de ella, un reflejo, un soplo de nostalgia.. Y así se resumían las noches, en vivir atrapada en un constante pasado, en un recuerdo que mata al alma, que agujerea cada parte de mi cuerpo, y un cúmulo de sentimientos que se mezclan. Impotencia, pena, tristeza, rabia, nostalgia, anhelo, injusticia, miles de calificativos que no se ordenar, un caos. Un desorden que me desordena las noches, las vuelve estremecedoras, que me tiene cogida, que me impide ir adelante. Quiero dejar de extrañarte de esta manera tan dolorosa. Arráncame este dolor.. pero no te despegues de mi yaya... Nunca. Ahora y siempre. Contigo, allá donde estés.  




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