Valientes

lunes, 28 de mayo de 2012

Más que una mirada


Era un día muy importante para mi. Era mi despedida. Era mi adiós definitivo. Nunca más volvería a estar entre esas cuatro paredes. En ese espacio de cemento lleno de canastas donde había vivido miles de cosas, entre ellas, mi primer beso. 
Era la última vez que estaría allí y quería despedirme a lo grande. Pronunciarme. Gritarles a todos aquellos niños la infancia y adolescencia más maravillosa que les esperaba. No se lo podía imaginar, de hecho nadie puede si no lo ha vivido antes, lo especial que ha sido mi vida allí. Para mi es más que una familia, más que una casa, más que unos amigos, más que unos profesores. Éramos un conjunto de personas con un mismo objetivo. 
Y ahora era mi hora, la hora de transmitir ilusión y alegría, tenia que salir bien. Y sin más miramiento empecé a decir:
-Esfuerzo, valentía, trabajo, ilusión, esperanza y compañerismo. Ésas seis palabras son las que han marcado en mi vida. Aquí en este sitio al cual no puedo poner nombre, porque cualquiera se queda pequeño comparado con este gran sentimiento. Aquí he hecho amigos que ahora son hermanos, profesores que han pasado a ser confidentes, algunos que se han enamorado de el compañero de atrás, de al lado o de delante. Todos hemos sentido ese cosquilleo en la barriga al ver a la persona que te gustaba día tras día. 
Y así seguí. Todas aquellas palabras se quedaban pequeñas ante la mezcla de sentimiento que sentí en ese preciso instante. Mis lágrimas hacían carreras en mi cara. Mis labios no podían dejar de sonreír. Mis piernas no dejaba de temblar. Mis manos no reaccionaban. 
Fue entonces cuando levanté la mirada. Y entre las mil personas que había ante mi, mezcladas, de diferentes edades, con diferentes maneras de pensar. Le ví.
Tenía los ojos clavados en mi. No podía apreciar bien el brillo de su mirada. Pero mi alma si que la notaba y con lo poco que pude ver sabía que él se había emocionado. Pondría la mano en el fuego de que estaba sonriendo, sonreía como un niño pequeño cuando le dan una piruleta. Deseé correr hacía él, dejar atrás aquellas miles de personas, aquellos miles de niños, hacer un camino entre ellos para poder llegar a él. Que secase mis lágrimas. Sonreír juntos. Llorar juntos. 
Pero todo se quedó en la magia y en la emoción del momento.
Para mi esa mirada había significado mucho más de lo que podía imaginar. Se abrieron puertas en mi cabeza, luces ante mí y decidí cerrar la puerta del miedo con llave. Y esa llave arrojarla entre los miles de niños, para que alguno de ellos hiciese algo bueno con ella. 
Mi vida ha cambiado, ya no soy ésa. Hoy, me he propuesto seguir a tu mirada y hacer lo que dicta mi corazón.           

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