miércoles, 30 de mayo de 2018

SEIS AÑOS INTENTANDO ACARICIAR EL CIELO

Seis años después sigo viendo a esa niña sentada en el suelo, sin importarle que el viento le despeine el corazón, sumergida en recuerdos y mirando al cielo. Una parte de ella sigue todavía ahí sentada, intentando entender por qué, por qué te fuiste, y me dejaste aquí siendo todavía una niña que necesitaba a su abuela. 
Sin embargo, ya no es la que era. Nunca consiguió entender el "por qué", pero sí aprendió que no ibas a volver, y que ni ella ni nadie podía remediarlo. Por eso, se levantó, se llenó de valor y valentía y empezó a escribirte, a dibujar en letras lo que no podía decirte, a buscar las respuestas en una hoja en blanco, y así, salir adelante. Encontró la forma de expresar lo que su cabeza no podía callar.
Seis años después sigo pensándote, sintiéndote y recordándote, porque por muy lejos que estés todavía puedo escuchar tus palabras, tus consejos, tus lecciones de vida, sentir tus ojos llenos de luz sobre mí. Sigo haciéndote partícipe de mi vida. Te siento cerca, aunque no lo estés. 
Seis años después sigo aquí, con unas cuantas cicatrices de más, más daños a mi espalda de los que me gustaría, y menos abrazos de los que habría imaginado. Pero sin rendirme, valiente y fuerte, como a ti te hubiese gustado.
Seis años después sigo intentando hacer cosquillas a las nubes, porque sigo creyendo que haciéndolo estaré acariciándote. Y sí, probablemente parezca una tontería, pero continuo aferrándome a la idea de que podrás sentirlo. Por eso, pienso aferrarme a mis sueños, a mis metas y tocar el cielo. Por ti, por él, por todos los que estáis. 

Feliz cumpleaños yaya, 

J.

martes, 29 de mayo de 2018

SENTIR EL DOLOR

¿Cuántas veces nos habrán dicho que el tiempo lo cura todo? Probablemente esta frase la hayas escuchado más de una vez, y seguramente, tú también se la habrás pronunciado a alguien. ¿Pero realmente alguien se cree que el tiempo lo cura todo? 
¿Curar? No curamos, convivimos. Aprendemos a vivir con el enemigo, dejamos que el dolor nos acompañe creyendo que somos amigos. Sobrevives, dejas que una parte de ti deje de sentir lo que siente y camine. Haces todo lo posible para que sane, para  evitar que siga desgarrándote ese dolor, para autoconvencerte que todo cambiará, que seguirás y no dolerá. Y sí, sigues, per nunca cicatrizará.
Siempre hay algo que nos vuelve vulnerables, que nos abre la herida y sangra. Vuelves a sentir el dolor. No estás curado, era un parche temporal. Una canción, un perfume, una frase, siempre habrá algo que te lo recuerde. Que te recuerde lo que has perdido, lo que dolía y como lo escondiste bajo llave, sin saber que tarde o temprano algo iba a forzar la cerradura. 
No curamos. No olvidamos. Sobrevivimos porque hay que vivir. Ignoramos el dolor, pero sentimos. Sentimos la rabia, la ira, la impotencia de no poder hacer nada, sentir que se nos escapa de las manos, que no depende de ti. Que lo pierdes, que lo has perdido, y no hay vuelta atrás. 
Y lo mejor no es olvidarlo, es ser conscientes de la realidad, aceptar lo que has perdido y ya nunca volverá, tomar consciencia que habrá un antes y un después, que no volverás a ser nunca más la misma persona, que ya te has ido, y no hay marcha atrás. Convivir. Convivir con aquello que nos duele es lo que nos hace avanzar, e ignorarlo, sólo nos hace echar un paso atrás. 

Siente el dolor. Siente tus lágrimas derramarse por tus mejillas. Siente que sientes. Y que ese sentir sea lo que tire de ti.

J.

jueves, 24 de mayo de 2018

¿QUÉ QUIERO?

A todos nos llega "ese momento" en el que te planteas qué estás haciendo, qué quieres y cómo vas a conseguirlo. Y nos asusta preguntárnoslo, porque la mayoría de las veces, cuando te lo preguntas, es porque no tienes respuesta, porque si la tuvieses, no tendrías que preguntártelo. 

Lo más común al alcanzar este punto es cuestionarse cómo has llegado hasta aquí, cuáles eran tus objetivos iniciales y qué pretendías lograr con ellos. Muchas veces no lo recordamos, o lo recuerdas pero tú has cambiado, no eres la misma persona que tomó ayer la decisión. Tus objetivos, tus intereses, tus sentimientos, tu forma de ver la vida ha dado un giro de ciento ochenta grados. Y este giro ha puesto patas arriba todo a lo que aspirabas. 

¿Y qué es mejor? ¿Resignarse y seguir con aquello que pensabas entonces y así no decepcionar a nadie? ¿O arriesgarte, escucharte, y hacer lo que verdaderamente sientes que quieres ahora? Aunque eso implique que no a todo el mundo le contente. Esas preguntas me han costado meses responderlas, pero ahora lo tengo claro. Y creo que lo más coherente, responsable y justo para ti mismo es apostar por la segunda, aun siendo el camino más difícil.

Siempre he sido de aquellas personas que se ponen de parte del corazón cuando éste disputa batallas con la cabeza. Y no voy a negar que muchas veces me ha dado miedo seguirle a él en vez de a la razón, pero aquí estoy, una kamikaze de sentimientos. Y sí, he de reconocer que en alguna de estas ocasiones en las que me he arriesgado y he sido sido valiente apostando por lo menos seguro, no ha salido del todo como esperaba, pero no, no me arrepiento, volvería a hacerlo si eso me lleva hasta donde estoy hoy. 
Porque aunque haya salido como esperaba, nunca me he quedado con la duda, no he sentido insatisfacción, ni he seguido pensando en qué habría pasado si hubiese apostado por el corazón. Por eso, aun siendo la apuesta menos segura del mundo, creo que para uno mismo es lo más seguro que hay, porque cuando te acuestes, lo único que escucharás serán los latidos de tu corazón, y a pesar de que oigas los monólogos de tu cabeza y sientas que te harán estallar, puedes controlarlos, pero no te engañes, el cómo te sientes, sólo tiene un dueño y es el corazón. 

Y llegados a este punto, una vez nos damos cuenta que lo mejor es siempre guiarte por los sentimientos, porque son éstos mismos los que dominan cada decisión que tomas, entiendes que lo que te da miedo no es pasar página, no es cambiar de aires, ni siquiera es el qué dirán, sino que lo que te da pánico es pasarla y encontrarte la página en blanco. Porque cuando eso sucede nadie podrá escribirla por ti, serás tú el que el que decida como rellenarlas, qué color darles, qué escribir en ellas. Son tus decisiones. Tu vida. Y aunque la gente se empeñe en decirte cómo tienes que vivirla, sólo tú sabes cómo quieres vivirla.

J.