Valientes

martes, 22 de julio de 2014

"Volveremos a encontrarnos"

Recuerdo perfectamente todo lo que sucedió aquel día. El termómetro marcaba una de las temperaturas más altas para esa noche en todo lo que llevábamos de verano, nada más ni nada menos que 38º teniendo en cuenta la humedad que había. 
Yo iba en el coche, a toda velocidad, estaba claro que a mi tío le encantaba sentir esa adrenalina en la carretera que ciertamente no era compatible con llevar un buen peinado y bien peinado, pero me gustaba sentir esa brisa de aire sobre mi pelo, alborotándolo y convirtiéndolo en algo mucho más realista y natural. Tampoco tenía porque estar guapa para nadie, yo era como era y no buscaba nada, lo que no sabía era lo que me iba a encontrar después. Sencillamente, solo asistía a una cena por compromiso. Eran las fiestas del pueblo de un amigo de mi tío y yo estaba de vacaciones con él, así que tenía que amoldarme. Pensé que me esperaría una noche aburrida y eterna, pero todos mis planes y mis esquemas se rompieron a pedazos cuando me presenté allí.
Llegamos al sitio y me pareció algo espectacular, pude ver una gran falla que dos días después quemarían, y muchas mesas, muchas, rodeadas por gente que hablaba y reía. Por un momento sentí que ninguna de esas personas tenía ningún problema, todas eran felices, o al menos eso parecía, y disfrutaban de aquel rato que la vida les había dejado para tomarse un respiro. Y me contagié. Me contagiaron su risa, sus ganas de reír y aprovechar el momento y eso hice. 
En la cena probé cosas que nunca habría pensado que sería capaz de probar, pero estaba experimentando cosas nuevas y eso hice. Me gustó. Me gustó sentir esos nuevos sabores para mi paladar y darme cuenta de que en el fondo no estaba tan mal. Ese atrevimiento me hizo sentir bien, capaz de eso y de mucho más.
Justo después, llegó el momento. Ese momento que puso divisorio de la noche que la partía en dos. La primera parte la llamé "vive" y la segunda.. aún sigo buscando un nombre. 
Giré mi cabeza 90º y vi a un chico. Desde ese momento me llamó la atención. Era moreno, más alto que yo y con unos ojos verdes que no podías dejar de mirar. Dos segundos más tarde él también lo hizo, era como si todo hubiese estado preparado y calculado para que en ese momento en especial nuestras miradas se encontrasen. Solo fuimos capaz de mirarnos durante unos segundos hasta que la sonrisa tímida que nos había producido ese encuentro nos obligó a apartarlas. Pude notar como un calor extraño pero familiar se apoderaba de mis mejillas y hacía que me estremeciese poco a poco, me sentía como una niña pequeña, una sensación que nunca antes había vivido. 
Durante toda la noche las miradas no cesaron, nos perseguíamos y se convirtió en un juego en el cual los dos nos habíamos quedado totalmente prendados y del que ninguno quería dejar de jugar. Yo no me cansaba de ver sus dientes alineados y su mirada pícara provocando la mía,si su objetivo era ponerme nerviosa os puedo asegurar que lo consiguió en cada una de las veces. 
Cuatro horas necesitamos para tomar el contacto, cuatro horas de provocaciones y de insinuaciones. Pero no fue lo suficientemente tarde. 
En un momento que yo estaba despistada bailando una mano se apoyó en mi hombro, yo no quería imaginarme que era él, pero al mismo tiempo deseaba que lo fuese. Contemplé su sonrisa de cerca como si no hubiese visto antes nada más maravilloso, sentí su colonia impregnándose en mi ropa, observé su pelo alborotado, al igual que el mío. Y se acercó a mi oído, como si fuese a decirme algo, pero no lo hizo. Y desapareció. 
Desapareció sin dejar rastro.. pero me quedé con la sensación de que volvería a verle, no podía estar más segura de ello. 



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